Descripción
El espíritu viajero de Camba, que ejerció como corresponsal de prensa en Nueva York, Londres, Berlín y París no sólo le permitió conocer de primera mano las comidas y bebidas de los principales países del mundo, sino que también acabó enemistándole con el ajo, lo que prueba su carácter iconoclasta y anarquista. Todo ese saber se condensa en La casa de Lúculo, uno de sus mejores libros, donde plantea una filosofía de la vida a través del paladar, saltándose todas las fronteras conocidas e imponiendo el sentido común y el humor al arte de la gastronomía, que él siempre atribuyó a las clases medias antes que a los estómagos opulentos.
El humor de Camba no tiene nada de la superficialidad común de los escritores festivos. En vez de limitarse al aspecto externo de las cosas, se interna agudamente en ellas desmontando su mecanismo y haciéndonos ver su faz absurda. Camba ve en perspectiva a los demás y los dibuja más como son que deformándolos, y ese es el secreto de su arte, que así resultan en plena burla, en contraste con su propio fondo, descubiertos en lo que tienen de absurdo y grotesco. Con razón se ha escrito que la risa de Camba es una risa intelectual, aguzada y reflexiva, de oriundez genuinamente española. Camba, filósofo celta; yo, filósofo ibero. ¡Qué delicia para nuestros lectores celtibéricos !, exclamó justamente Miguel de Unamuno.


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